Capitulo 1
IInteligencia Emocional
- Espa�ol...Ingl�s
(my comments below)
12. EL CRISOL FAMILIAR
Fue una peque�a tragedia familiar. Carl y Ann estaban ense�ando a su hija Leslie, de cinco a�os de edad, a jugar a un nuevo videojuego. Pero, cuando Leslie comenz� a jugar, las ansiosas �rdenes de sus padres eran tan contradictorias que m�s que tratar de �ayudarla� parec�an tentativas de dificultar su aprendizaje.
�A la derecha, a la derecha! �Alto! �Alto! gritaba Ann, cada vez m�s fuerte y ansiosamente.
�F�jate bien! �Ves c�mo no est�s alineada?... �Mu�vete hacia la izquierda! ordenaba bruscamente su padre Carl.
Mientras tanto Leslie, mordi�ndose los labios, permanec�a con los ojos completamente fijos en la pantalla, tratando de seguir sus indicaciones.
Entre tanto Ann, con una mirada de franca frustraci�n, segu�a exclamando:
�Alto! �Alto!
Entonces Leslie, incapaz de complacer a ambos a la vez, contrajo la mand�bula y empez� a sollozar. Sus padres, ignorando las l�grimas de Leslie, comenzaron a discutir:
�Pero no te das cuenta de que apenas mueve la raqueta? gritaba Ann, exasperada.
Las l�grimas rodaban por las mejillas de Leslie, pero ni Carl ni Ann parecieron darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Pero cuando Leslie se enjug� los ojos, su padre le espet�:
�Por qu� quitas la mano del mando? �No ves que si lo haces no podr�s reaccionar? �Ponla de nuevo en su sitio!
Muy bien. �Ahora mu�vela s�lo un poquito! segu�a gritando mientras tanto Ann. Pero Leslie ya estaba sollozando otra vez, a solas con su angustia.
En momentos as� los ni�os aprenden lecciones muy profundas. Una de las conclusiones que Leslie debi� de extraer de aquella dolorosa experiencia fue que sus padres no ten�an en cuenta sus sentimientos. Este tipo de situaciones, reiteradas continuamente durante toda la infancia, constituye un verdadero aprendizaje emocional cuyas lecciones pueden llegar a determinar el curso de toda una vida. La vida familiar es la primera escuela de aprendizaje emocional; es el crisol dom�stico en el que aprendemos a sentimos a nosotros mismos y en donde aprendemos la forma en que los dem�s reaccionan ante nuestros sentimientos; ah� es tambi�n donde aprendemos a pensar en nuestros sentimientos, en nuestras posibilidades de respuesta y en la forma de interpretar y expresar nuestras esperanzas y nuestros temores.
Este aprendizaje emocional no s�lo opera a trav�s de lo que los padres dicen y hacen directamente a sus hijos, sino que tambi�n se manifiesta en los modelos que les ofrecen para manejar sus propios sentimientos y en todo lo que ocurre entre marido y mujer. En este sentido, hay padres que son aut�nticos maestros mientras que otros, por el contrario, son verdaderos desastres.
Hay cientos de estudios que demuestran que la forma en que los padres tratan a sus hijos ya sea la disciplina m�s estricta, la comprensi�n m�s emp�tica, la indiferencia, la cordialidad, etc�tera tiene consecuencias muy profundas y duraderas sobre la vida emocional del ni�o, pero, a pesar de ello, s�lo hace muy poco tiempo que disponemos de pruebas experimentales incuestionables de que el hecho de tener padres emocionalmente inteligentes supone una enorme ventaja para el ni�o. Adem�s de esto, la forma en que una pareja maneja sus propios sentimientos constituye tambi�n una verdadera ense�anza, porque los ni�os son muy permeables y captan perfectamente hasta los m�s sutiles intercambios emocionales entre los miembros de la familia. Cuando el equipo de investigadores dirigidos por Carole Hooven y John Gottman, de la Universidad de Washington, llev� a cabo un microan�lisis de la forma en que los padres manejan las interacciones con sus hijos, descubrieron que las parejas emocionalmente m�s maduras eran tambi�n las m�s competentes para ayudarles a hacer frente a sus altibajos emocionales
En esa investigaci�n se visitaba a las familias cuando uno de sus hijos ten�a cinco a�os de edad y cuando �ste alcanzaba los nueve a�os. Adem�s de observar la forma en que los padres hablaban entre s�, el equipo de investigadores tambi�n se dedic� a investigar la forma en que las familias que participaron en el estudio (entre las cuales se hallaba la familia de Leslie) ense�aban a sus hijos a jugar a un nuevo videojuego, una interacci�n aparentemente inocua pero sumamente reveladora del trasiego emocional entre padres e hijos.
pg. 123
Algunos padres eran como Ann y Carl (autoritarios, impacientes con la inexperiencia de sus hijos y demasiado propensos a elevar el tono de voz ante el menor contratiempo), otras descalificaban r�pidamente a sus hijos tild�ndolos de �est�pidos�, convirti�ndoles as� en v�ctimas propiciatorias de la misma tendencia a la irritaci�n e indiferencia que consum�a sus matrimonios. Otras, por el contrario, eran pacientes con las equivocaciones de sus hijos y les dejaban jugar a su aire en lugar de imponerles su propia voluntad. De esta manera, la sesi�n de videojuego se convirti� en un sorprendente term�metro del estilo emocional de los padres.l estudio demostr� que los tres estilos de parentaje emocionalmente m�s inadecuados eran los siguientes:
Ignorar completamente los sentimientos de sus hijos. Este tipo de padres considera que los problemas emocionales de sus hijos son algo trivial o molesto, algo que no merece la atenci�n y que hay que esperar a que pase. Son padres que desaprovechan la oportunidad que proporcionan las dificultades emocionales para aproximarse a sus hijos y que ignoran tambi�n la forma de ense�arles las lecciones fundamentales que pueden aumentar su competencia emocional.
El estilo laissez -faire. Estos padres se dan cuenta de los sentimientos de sus hijos, pero son de la opini�n de que cualquier forma de manejar los problemas emocionales es adecuada, incluyendo, por ejemplo, pegarles. Por esto, al igual que ocurre con quienes ignoran los sentimientos de sus hijos, estos padres rara vez intervienen para brindarles una respuesta emocional alternativa. Todos sus intentos se reducen a que su hijo deje de estar triste o enfadado, recurriendo para ello incluso al enga�o y al soborno.
Menospreciar y no respetar los sentimientos del ni�o. Este tipo de padres suelen ser muy desaprobadores y muy duros, tanto en sus cr�ticas como en sus castigos. En este sentido pueden, por ejemplo, llegar a prohibir cualquier manifestaci�n de enojo por parte del ni�o y ser sumamente severos ante el menor signo de irritabilidad. �stos son los padres que gritan ��no me contestes!� al ni�o que est� tratando de explicar su versi�n de la historia.
Pero, finalmente, tambi�n hay padres que aprovechan los problemas emocionales de sus hijos como una oportunidad para desempe�ar la funci�n de preceptores o mentores emocionales. Son padres que se toman lo suficientemente en serio los sentimientos de sus hijos como para tratar de comprender exactamente lo que les ha disgustado (� �est�s enfadado porque Tommy ha herido tus sentimientos?�), y les ayudan a buscar formas alternativas positivas de apaciguarse (��por qu�, en vez de pegarle, no juegas un rato a solas hasta que puedas volver a jugar con �l?�).
Pero, para que los padres puedan ser preceptores adecuados, deben tener una m�nima comprensi�n de los rudimentos de la inteligencia emocional. Si tenemos en cuenta que una de las lecciones emocionales fundamentales es la de aprender a diferenciar entre los sentimientos, no nos resultar� dif�cil entender que un padre que se halle completamente desconectado de su propia tristeza mal podr� ayudar a su hijo a comprender la diferencia que existe entre el desconsuelo que acompa�a a una p�rdida, la pena que nos produce una pel�cula triste y el sufrimiento que nos embarga cuando algo malo le ocurre a una persona cercana. M�s all� de esta distinci�n hay otras comprensiones m�s sutiles como, por ejemplo, la de que el enfado suele ser una respuesta que surge de alg�n sentimiento herido.
En la medida en que un ni�o asimila las lecciones emocionales concretas que est� en condiciones de aprender y, por cierto, que tambi�n necesitasufre una transformaci�n. Como hemos visto en el cap�tulo 7, el aprendizaje de la empat�a comienza en la temprana infancia y requiere que los padres presten atenci�n a los sentimientos de su beb�. Aunque algunas de las habilidades emocionales terminen de establecerse en las relaciones con los amigos, los padres emocionalmente diestros pueden hacer mucho para que sus hijos asimilen los elementos fundamentales de la inteligencia emocional: aprender a reconocer, canalizar y dominar sus propios sentimientos y empatizar y manejar los sentimientos que aparecen en sus relaciones con los dem�s.
El impacto en los hijos de los progenitores emocionalmente competentes es ciertamente extraordinario. El equipo de la Universidad de Washington que antes mencionamos descubri� que los hijos de padres emocionalmente diestros comparados con los hijos de aqu�llos otros que tienen un pobre manejo de sus sentimientos se relacionan mejor, experimentan menos tensiones en la relaci�n con sus padres y tambi�n se muestran m�s afectivos con ellos. Pero, adem�s, estos ni�os tambi�n canalizan mejor sus emociones, saben calmarse m�s adecuadamente a s� mismos y sufren menos altibajos emocionales que los dem�s.
Son ni�os que tambi�n est�n biol�gicamente m�s relajados, ya que presentan una tasa menor en sangre de hormonas relacionadas con el estr�s y otros indicadores fisiol�gicos del nivel de activaci�n emocional (una pauta que, como ya hemos visto en el capitulo 11 , en el caso de sostenerse a lo largo de la vida, proporciona una mejor salud f�sica). Otras de las ventajas de este tipo de progenitores son de tipo social, ya que estos ni�os son m�s populares, son m�s queridos por sus compa�eros y sus maestros suelen
pg. 124
considerarles como socialmente m�s dotados. Sus padres y profesores tambi�n suelen decir que tienen menos problemas de conducta (como, por ejemplo la rudeza o la agresividad). Finalmente, tambi�n existen beneficios cognitivos, porque estos ni�os son m�s atentos y suelen tener un mejor rendimiento escolar. A igualdad de CI, las puntuaciones en matem�ticas y lenguaje al alcanzar el tercer curso de los hijos de padres que hab�an sido buenos preceptores emocionales, eran m�s elevadas (un poderoso argumento que parece confirmar la hip�tesis de que el aprendizaje de las habilidades emocionales ense�a tambi�n a vivir). As� pues, las ventajas de disponer de unos padres emocionalmente competentes son extraordinarias en lo que respecta a la totalidad del espectro de la inteligencia emocional.., y tambi�n m�s all� de �l.
UNA VENTAJA EMOCIONAL
El aprendizaje de las habilidades emocionales comienza en la misma cuna. El doctor Berry Brazelton, eminente pediatra de Harvard, ha dise�ado un test muy sencillo para diagnosticar la actitud b�sica del beb� hacia la vida. El test consiste en ofrecer dos bloques a un beb� de ocho meses de edad y mostrarle a continuaci�n la forma de unirlos. Seg�n Brazelton, un beb� que tiene una actitud positiva hacia la vida y que tiene confianza en sus propias capacidades, coger� un bloque, se lo meter� en la boca, lo frotar� en su cabeza y finalmente lo arrojar� al suelo esperando que alguien lo recoja. Luego completar� la tarea requerida, unir los dos bloques.
Despu�s le mirar� a usted con unos ojos muy abiertos y expectantes que parecen querer decir: ��dime lo grande que soy!�
Estos beb�s han conseguido de sus padres la necesaria dosis de aprobaci�n y aliento, son ni�os que conf�an en superar los peque�os retos que les presenta la vida. En cambio, los beb�s que proceden de hogares demasiado fr�os, ca�ticos o descuidados afrontan la misma tarea con una actitud que ya anuncia su expectativa de fracaso. No es que estos beb�s no sepan unir los dos bloques, porque lo cierto es que comprenden las instrucciones y tienen la suficiente coordinaci�n como para hacerlo. Pero, seg�n Brazelton, aun en el caso de que lo hagan, su actitud es �desgraciada�, una actitud que parece decir: �yo no soy bueno. Mira, he fracasado�. Es muy probable que este tipo de ni�os desarrolle una actitud derrotista ante la vida, sin esperar el aliento ni el inter�s de sus maestros, sin disfrutar de la escuela y llegando incluso a abandonarla.
Las diferencias entre ambos tipos de actitudes la de los ni�os confiados y optimistas frente a la de aqu�llos otros que esperan el fracaso comienzan a formarse en los primeros a�os de vida. Los padres, dice Brazelton, �deben comprender que sus acciones generan la confianza, la curiosidad, el placer de aprender y el conocimiento de los l�mites� que ayudan a los ni�os a triunfar en la vida, una afirmaci�n avalada por la evidencia creciente de que el �xito escolar depende de multitud de factores emocionales que se configuran antes incluso de que el ni�o inicie el proceso de escolarizaci�n. Como ya hemos visto en el cap�tulo 6, la capacidad de los ni�os de cuatro a�os de edad para dominar el impulso de apoderarse de una golosina predijo catorce a�os m�s tarde una ventajosa diferencia de 210 puntos en las puntuaciones SAT.
Durante esos tempranos a�os es cuando se asientan los rudimentos de la inteligencia emocional, aunque �stos sigan model�ndose durante el per�odo escolar. Y estas capacidades, como hemos visto en el cap�tulo 6, son el fundamento esencial de todo aprendizaje. Un informe del National Center for Clinical Infant Programs afirma que el �xito escolar no tiene tanto que ver con las acciones del ni�o o con el desarrollo precoz de su capacidad lectora como con factores emocionales o sociales (por ejemplo, estar seguro e interesado por uno mismo, saber qu� clase de conducta se espera de �l, c�mo refrenar el impulso a portarse mal y expresar sus necesidades manteniendo una buena relaci�n con sus compa�eros). Seg�n este mismo informe, la mayor parte de los alumnos que presentan un bajo rendimiento escolar carecen de uno o varios de los rudimentos esenciales de la inteligencia emocional, sin contar con la muy probable presencia de dificultades cognitivas que obstaculizan su aprendizaje, un problema que no deber�amos dejar de lado porque, en algunos estados, uno de cada cinco ni�os tiene que repetir el primer curso y, a medida que va rezag�ndose, cada vez se encuentra m�s desanimado, resentido y traumatizado.
pg 125
El rendimiento escolar del ni�o depende del m�s fundamental de todos los conocimientos, aprender a aprender. Veamos ahora los siete ingredientes clave de esta capacidad fundamental (por cierto, todos ellos relacionados con la inteligencia emocional) enumerados por el mencionado informe:
Confianza. La sensaci�n de controlar y dominar el propio cuerpo, la propia conducta y el propio mundo. La sensaci�n de que tiene muchas posibilidades de �xito en lo que emprenda y que los adultos pueden ayudarle en esa tarea.
Curiosidad. La sensaci�n de que el hecho de descubrir algo es positivo y placentero.
Intencionalidad. El deseo y la capacidad de lograr algo y de actuar en consecuencia. Esta habilidad est� ligada a la sensaci�n y a la capacidad de sentirse competente, de ser eficaz.
Autocontrol. La capacidad de modular y controlar las propias acciones en una forma apropiada a su edad; la sensaci�n de control interno.
Relaci�n. La capacidad de relacionarse con los dem�s, una capacidad que se basa en el hecho de comprenderles y de ser comprendido por ellos.
Capacidad de comunicar. El deseo y la capacidad de intercambiar verbalmente ideas, sentimientos y conceptos con los dem�s. Esta capacidad exige la confianza en los dem�s (incluyendo a los adultos) y el placer de relacionarse con ellos.
Cooperaci�n. La capacidad de armonizar las propias necesidades con las de los dem�s en las actividades grupales.
El hecho de que un ni�o comience el primer d�a de guarder�a con estas capacidades ya aprendidas depende mucho de los cuidados que haya recibido de sus padres y de todos aquellos que, de un modo u otro, hayan actuado a modo de preceptores proporcion�ndole as� una importante ventaja de partida en el desarrollo de la vida emocional.
mis cr�ticas
- El rendimiento escolar del ni�o - who says that a child who performs well in school is emotionally intelligent?
- por cierto, todos ellos relacionados con la inteligencia emocional
- this chapter is about parenting, but he then makes it sound like these 7 things are components of emotional intelligence
LA ASIMILACI�N DE LOS FUNDAMENTOS DE LA INTELIGENCIA EMOCIONAL
Supongamos que un beb� de dos meses de edad se despierta a las tres de la madrugada y empieza a llorar, Imaginemos tambi�n que viene su madre y que, durante la media hora siguiente, el beb� se alimenta felizmente en sus brazos mientras �sta le mira con afecto, mostr�ndole lo contenta que est� de verle aun en medio de la noche. Luego el beb�, satisfecho con el amor de su madre, vuelve a dormirse.
Supongamos ahora que otro beb�, tambi�n de dos meses de edad, se despierta llorando a media noche pero que, en este caso recibe la visita de una madre tensa e irritada, una madre que acababa de conciliar dif�cilmente el sue�o tras una pelea con su marido. En el mismo momento en que la madre le coge bruscamente y le dice ��C�llate! �No puedo perder el tiempo contigo! �Acabemos cuanto antes!�, el beb� comienza a tensarse. Luego, mientras est� mamando, su madre le mira con indiferencia sin prestarle la menor atenci�n y, a medida que recuerda la pelea que acaba de tener con su esposo, va inquiet�ndose cada vez m�s. El beb�, sintiendo su tensi�n, se contrae y deja de mamar. � �Eso era todo lo que quer�as? pregunta entonces su madre, arisca Pues se acab�!� Y, con la misma brusquedad con la que le cogi�, le deposita nuevamente en su cuna y se aleja de �l, dej�ndole llorar hasta que finalmente, exhausto, termina durmi�ndose.
El informe del National Center for Clinical Infant Programs nos presenta estas dos escenas como ejemplos de dos tipos de interacci�n que, cuando se repiten una y otra vez, terminan inculcando en el beb� sentimientos muy diferentes sobre si mismo y sobre las personas que le rodean. En el primer caso, el beb� aprende que las personas perciben sus necesidades, las tienen en cuenta e incluso pueden ayudarle a satisfacerlas, mientras que en el segundo, por el contrario, el beb� aprende que nadie cuida realmente de �l, que no puede contar con los dem�s y que todos sus esfuerzos terminar�n fracasando. Obviamente, a lo largo de su vida todos los beb�s pasan por ambos tipos de situaciones, pero lo cierto es que el predominio de uno u otro var�a seg�n los casos. Es as� como los padres imparten, de manera consciente o inconsciente, unas lecciones emocionales important�simas que activan su sensaci�n de seguridad, su sensaci�n de eficacia y su grado de dependencia (un punto al que Erik Erikson denomina �confianza b�sica� o �desconfianza b�sica�).
Este aprendizaje emocional se inicia en los primeros momentos de la vida y prosigue a lo largo de toda la infancia. Todos los intercambios que tienen lugar entre padres e hijos acontecen en un contexto emocional y la reiteraci�n de este tipo de mensajes a lo largo de los a�os acaba determinando el meollo de la actitud y de las capacidades emocionales del ni�o. Es muy distinto el mensaje que recibe una ni�a si su madre se muestra claramente interesada cuando le pide que le ayude a resolver un rompecabezas dif�cil que si recibe un escueto ��No me molestes! �Tengo cosas m�s importantes que hacer!�. Para mejor o para peor, este tipo de intercambios entre padres e hijos son los que terminan modelando las esperanzas emocionales del ni�o sobre el mundo de las relaciones en particular, y su funcionamiento en todos los dominios de la vida, en general.
Los peligros son todav�a mayores para los hijos de padres manifiestamente incompetentes (inmaduros, drogadictos, deprimidos, cr�nicamente enojados o simplemente sin objetivos vitales y viviendo ca�ticamente). Es mucho menos probable que este tipo de padres cuide adecuadamente de sus hijos y establezca contacto con las necesidades emocionales de sus beb�s. Seg�n muestran los estudios realizados en este sentido, el descuido puede ser m�s perjudicial que el abuso. Y una investigaci�n realizada con ni�os maltratados descubri� que �stos lo hacen todo peor (son los m�s ansiosos, despistados y ap�ticos mostr�ndose alternativamente agresivos y desinteresados y el porcentaje de repetici�n del primer curso entre ellos fue del 65%).
pg.126
Durante los tres o cuatro primeros a�os de vida, el cerebro de los beb�s crece hasta los dos tercios de su tama�o maduro y su complejidad se desarrolla a un ritmo que jam�s volver� a repetirse. En este per�odo clave, el aprendizaje, especialmente el aprendizaje emocional, tiene lugar m�s r�pidamente que nunca. Es por ello por lo que las lesiones graves que se produzcan durante este per�odo pueden terminar da�ando los centros de aprendizaje del cerebro (y, de ese modo, afectar al intelecto). Y aunque, como luego veremos, esto puede remediarse en parte por las experiencias vitales posteriores, el impacto de este aprendizaje temprano es muy profundo. Como resume una investigaci�n realizada a este respecto, las consecuencias de las lecciones emocionales aprendidas durante los primeros cuatro a�os de vida son extraordinariamente importantes:
A igualdad de otras circunstancias, un ni�o que no puede centrar su atenci�n, un ni�o suspicaz en lugar de confiado, un ni�o triste o enojado en lugar de optimista, destructivo en lugar de respetuoso, un ni�o que se siente desbordado por la ansiedad, preocupado por fantas�as aterradoras e infeliz consigo mismo, tiene muy pocas posibilidades de aprovechar las oportunidades que le ofrezca el mundo.
COMO CRIAR A UN NI�O AGRESIVO
Los estudios a t�rmino lejano tienen mucho que ense�arnos sobre los efectos a largo plazo de unos progenitores emocionalmente inadecuados (especialmente en lo que respecta al papel que desempe�an en la crianza de ni�os agresivos). Uno de estos estudios, llevado a cabo en el �rea rural de Nueva York, realiz� un seguimiento de 870 ni�os desde los ocho hasta los treinta a�os de edad. El estudio demostr� que cuanto m�s agresivos son los ni�os cuanto m�s dispuestos a entablar peleas y a recurrir a la fuerza para conseguir lo que desean, m�s probable es que terminen expulsados de la escuela y que, a los treinta a�os de edad, tengan un largo historial de delincuencia. Y estos padres tambi�n parecen transmitir a sus hijos la misma predisposici�n a la violencia, ya que �stos se mostraron tan pendencieros en la escuela como lo hab�an sido aqu�llos.
Veamos ahora la forma en que la agresividad se transmite de generaci�n en generaci�n. Dejando de lado las posibles tendencias heredadas, el hecho es que, cuando estos ni�os agresivos alcanzan la edad adulta, terminan convirtiendo la vida familiar en una escuela de violencia. Cuando eran ni�os sufrieron los castigos arbitrarios e implacables de sus padres, y al ser padres repitieron el mismo esquema que hab�an aprendido en su infancia. Y esto es igualmente aplicable tanto en el caso de que el agresivo sea el padre como en el de que lo sea la madre. Las ni�as agresivas llegaron a transformarse en madres tan autoritarias y crueles como ocurr�a en el caso de los varones. Las madres, en este sentido, castigaban a sus hijos con especial sa�a, mientras que ellos se despreocupaban de sus hijos y pasaban la mayor parte del tiempo ignor�ndolos. Al mismo tiempo, estos padres ofrec�an a sus hijos un ejemplo v�vido de agresividad, un modelo que el ni�o llevaba consigo a la escuela y al patio de recreo y que ya no abandonaba durante el resto de su vida. Con ello no estamos diciendo que estos padres sean necesariamente malvados, ni tampoco que no deseen lo mejor para sus hijos, sino simplemente que no hacen m�s que repetir el mismo trato que han recibido de sus propios padres.
Seg�n este modelo, se castiga a los ni�os de manera arbitraria porque, si sus padres est�n de mal humor, les castigan severamente pero si, por el contrario, est�n de buen humor, pueden escapar al castigo en medio del caos. El castigo, pues, en este caso, no parece depender tanto de lo que hace el ni�o como del estado de �nimo de sus padres, una pauta perfecta para desarrollar el sentimiento de inutilidad e impotencia, puesto que la amenaza puede presentarse en cualquier momento y en cualquier lugar.
Considerar la actitud de estos ni�os agresivos como el producto de la vida familiar tiene un cierto sentido, aunque lamentablemente no resulta nada f�cil de modificar. Lo que resulta m�s descorazonador es lo temprano que pueden aprenderse estas lecciones y el elevado coste que comportan para la vida emocional del ni�o.
LA VIOLENCIA: LA EXTINCI�N DE LA EMPAT�A
En medio del desordenado juego de la guarder�a, Martin, de dos a�os y medio de edad, empuj� a una ni�a que entonces rompi� a llorar. Martin trat� de coger su mano, pero cuando la sollozante ni�a se neg� a d�rsela, la golpe� en el brazo.
pg.127
Luego, mientras la ni�a segu�a sollozando, Martin apart� la mirada gritando: � �Deja de llorar! �Deja de llorar!� en un tono de voz cada vez m�s alto e irritado. Martin trat� entonces nuevamente de golpearla pero, cuando ella le esquiv�, le mostr� amenazadoramente los dientes, como hacen los perros cuando gru�en. Luego Martin palme� la espalda de la ni�a, pero los golpecitos se convirtieron r�pidamente en pu�etazos mientras la ni�a segu�a gritando.
Esta inquietante forma de relaci�n demuestra que los malos tratos asiduos hacia el ni�o en funci�n del estado de �nimo del padre, terminan pervirtiendo su tendencia natural a la empat�a. La agresiva y brutal respuesta de Martin ante el malestar de su compa�era de juegos es t�pica de aquellos ni�os que, como �l, han sido v�ctimas de la violencia desde su infancia. Esta respuesta contrasta rotundamente con las s�plicas y los intentos habitualmente emp�ticos (de los que hemos hablado en el capitulo 7) que despliegan los ni�os en su intento de consolar a un compa�ero que est� sollozando. La violenta respuesta de Martin refleja las lecciones que ha aprendido en su hogar sobre las l�grimas y el sufrimiento: el llanto suele comenzar siendo recibido con un gesto autoritariamente consolador pero, en el caso de que no cese, la progresi�n va en aumento y pasa por las miradas y los gritos de desaprobaci�n hasta llegar a los pu�etazos. Y tal vez lo m�s inquietante de todo es que, a su edad, Martin ya parec�a carecer de la m�s elemental de las formas que asume la empat�a, la tendencia a dejar de agredir a alguien que se encuentra herido, y que, a los dos a�os y medio de edad, ya mostraba los impulsos morales propios de un s�dico cruel.
La mezqui ndad y la falta de empat�a de Martin es t�pica de aquellos ni�os que, como �l, han sido v�ctimas a esa tierna edad, de los malos tratos f�sicos y emocionales. Martin fue uno de los nueve ni�os de uno a tres a�os maltratados que fueron comparados con otros nueve ni�os de la guarder�a procedentes de hogares igualmente empobrecidos y tensos, pero que no hab�an sufrido malos tratos f�sicos. Las diferencias que mostraron ambos grupos en respuesta al da�o o al malestar de otro fueron muy notables.
Cinco de los nueve ni�os que no fueron maltratados respondieron a veintitr�s incidentes de este tipo con preocupaci�n, tristeza o empat�a, pero en los veintisiete casos en los que los ni�os maltratados podr�an haberlo hecho as�, ninguno mostr� la menor preocupaci�n y, en lugar de ello, respondieron con manifestaciones de miedo, enojo o, como ocurri� en el caso de Martin, con una agresi�n f�sica directa.
Por ejemplo, una de las ni�as maltratadas, hizo un gesto francamente amenazante a otra que estaba comenzando a llorar. Thomas, de un a�o de edad, otro de los ni�os maltratados, qued� paralizado por el terror en cuanto escuch� el llanto de otro ni�o y se sent� completamente inm�vil, con el rostro contra�do por el miedo y la tensi�n, como si temiera que fueran a atacarle en cualquier momento. La respuesta de Kate, otra de las ni�as maltratadas de veintiocho meses de edad, fue casi s�dica: comenz� a meterse con Joey, un ni�o m�s peque�o, le derrib� a patadas y, cuando �ste se encontraba tumbado y mir�ndola tiernamente, comenz� a darle palmaditas en la espalda que fueron transform�ndose en golpes m�s y m�s fuertes sin tener en cuenta sus protestas. Luego le dio seis o siete pu�etazos m�s hasta que �ste, arrastr�ndose, logr� alejarse.
Estos ni�os, obviamente, tratan a los dem�s tal y como ellos mismos han sido tratados. Y la crueldad de los ni�os maltratados es simplemente una versi�n extrema de lo que hemos entrevisto en los hijos de padres cr�ticos, amenazantes y violentos (ni�os que tambi�n suelen permanecer indiferentes cuando un compa�ero llora o se encuentra herido), de modo que se dir�a que los ni�os maltratados representan el punto culminante de un continuo de crueldad. Como grupo, estos ni�os suelen presentar problemas cognitivos en el aprendizaje, ser agresivos e impopulares entre sus compa�eros (poco debe sorprendernos, pues, que la dureza con la que la familia trata al ni�o antes de que �ste ingrese en el mundo escolar sea un predictor adecuado de cu�l ser� su futuro), m�s proclives a la depresi�n y, cuando adultos, m�s proclives a tener problemas con la ley y a cometer m�s delitos violentos. A vecespor no decir casi siempre esta falta de empat�a se transmite de generaci�n en generaci�n, de modo tal que los hijos que fueron maltratados en su infancia por sus propios padres terminan convirti�ndose en padres que maltratan a sus hijos. Esto contrasta dr�sticamente con la empat�a que suelen presentar los hijos de aquellos padres que han sido nutricios, padres que han alentado la preocupaci�n de sus hijos por los dem�s y que les han hecho comprender lo mal que se puede encontrar otro ni�o. Y si los ni�os no reciben este tipo de adiestramiento de la empat�a en el seno de la familia, parece que no pueden aprenderlo de otro modo.
Lo que tal vez resulte m�s inquietante en este sentido es lo pronto que los ni�os maltratados parecen aprender a comportarse como si fueran versiones en miniatura de su propios padres.
Pero esto no deber�a sorprendemos si tenemos en cuenta que
estos ni�os recibieron una dosis diaria de esta amarga medicina.
Recordemos que es precisamente en los momentos en que las
pasiones se disparan o en medio de una crisis cuando las
tendencias mas primitivas de los centros del cerebro l�mbico
desempe�an un papel m�s preponderante. En tales momentos, los
h�bitos que haya aprendido el cerebro emocional ser�n, para
mejor o para peor, los que predominar�n.
pg.128
Si nos damos cuenta de la forma en que la crueldad o el amor modela el funcionamiento mismo del cerebro, comprenderemos que la infancia constituye una ocasi�n que no debi�ramos desaprovechar para impartir las lecciones emocionales fundamentales. Los ni�os maltratados han tenido que recibir una lecci�n constante y muy temprana de traumas. Tal vez debi�ramos admitir ya que este tipo de traumas constituye un terrible aprendizaje emocional que deja una impronta muy profunda en el cerebro de los ni�os maltratados, y buscar la forma m�s adecuada de resolver este problema.
we don't know that gottman's test is related to ei.